Wednesday, November 28, 2007

Mind the Gap



A los 15 tenía una imagen imposible de Londres. Ciudad de libertades, de música, de personajes impredecibles, de amores a tres y de cielos rojos.

A los 20 la conocí y esa imagen imposible se transformó en obsesión. Sentirme ignorada, compréndanme, era para mí licor maldito y adictivo.

A los 23 me dio una bofetada. Me mudé, me arruinó, y lo único decente de aquellos 3 meses de agujeros negros fue un lector de auras y un fanático de Terenci Moix que me hizo sonreír en un autobús.

A los 25 me volvió a recibir, después de dos años deambulando por pueblos aún más fríos pero menos inmensos. Y no estuvo mal. Renacieron en mí vestigios de la veinteañera que se bebía la ciudad y disfrutaba de todo sin vergüenza ni mesura. La casualidad trajo también a Londres a mi griego, y pensamos que podríamos repetir historia.
Error.

Hora punta, metro, ingresitos capitalistas, manzanas que cuestan más que el vodka, frío, impuestos por respirar….

Hay días en que me digo que todo es pura actitud. Que es culpa mía, o de mis hormonas, ver la ciudad con marco negro. Que sigue habiendo gente sin uniforme, gente abstracta, y en vez de cuatro casillas, infinitas. Que el pudor inglés al descaro o al contacto físico tiene su encanto…

hasta que un gilipollas te empuja en el metro, te deja sangrando y con el tobillo al revés y nadie, NADIE, te ayuda a incorporarte.

Así que mando a la porra a Londres, a los ejecutivos de corbata granate a las 7 de la mañana en Euston y a los dientes afilados de las escaleras automáticas.

Yo me mudo al mediterráneo.
p.s. Palmoba, te contesto en la sección de comentarios

Wednesday, November 07, 2007

24 horas

3.30 de la mañana.

El taxi debería haber llegado aquí hace 10 minutos. Las tripas me crujen de hambre a respuestas y yo les arrojo un kiwi.

Nikos duerme, hermoso, acongojado y paciente.

Espío al lechero desde mi ventana, intentándole encontrar poesía al asunto, mientras maldigo a todos los antepasados del taxista. Pasan un par de hombres bajitos con mochila y barba y pinta de ir a currar. Inmigrantes. Los ingleses no saben que a estas horas las calles también tienen color.

3.40.

Voy a perder el avión por su culpa. Y podría bajar la música, ya que estamos”. El taxista me mira desde sus pupilas dilatadas, aceptando el desafío e ignorando olímpicamente mi petición. Transforma el taxi en una rave y las calles de Londres se convierten en la pista de la muerte. Huyo del asiento con los temblores de los malos presagios.

12.20.

Aterrizo en Atenas. Frapé y torta de espinacas antes de nada. “Tripas, estáis ahí?” “Sí” “Vamos en busca del tesoro”.

12.40.
La hermana y la madre de Nikos me llaman para avisarme de que hable a los taxistas en griego o me cobrarán un dineral.
(“Mientras no me cobren la vida, ya está bien”)
Les digo que sí, y que como de todo por enésima vez. Me esperan a las 4 con la mesa puesta.

13.00
El taxista no habla una palabra de inglés y mi griego rácano no alcanza demasiado. Me tima vilmente, pero con gracia, así que le dejo hacer.

Desesperado intento por seguir siendo turista.
SÓLO turista.

13.30.
Sede de Intracom. Huele a viejo, a testosterona y a tabaco. Mi en teoría futuro jefe es desconfiado y arrogante. El laboratorio en el que me pretenden encerrar se cae a pedazos y está lleno de frikis que hace mucho que no han visto a una chica maquillada y con tacones. Se me cae el alma a los pies.

15.30
Recojo las tripas del suelo y las planto en un taxi que me lleva a casa de Athiná. Konstantinos me espera, algo más alto que en Julio, y me derrite de una sola sonrisa.

“Qué te han dicho?”
Me llamarán en dos o tres semanas, a ver qué pasa

Me mira esperanzada, casi tocando la realidad de un sueño que dura ya tres años: les devuelvo a su hermano.

Me prepara café mientras juego con Konstantinos a los coches y las motos. Se me escapa una lágrima.
Les he mentido. En realidad ya tengo la oferta. Pero no quiero que se ilusionen.

16.00

Mi “suegra” llega a la casa y comemos. Llama toda la familia.
“Qué tal la entrevista”. “Qué tal la entrevista”.“Qué tal la entrevista”.
Quiero morir.

17.00
Duermo la siesta o moriré de ahogo.

19.00
Me despiertan los gritos. Han llegado más familiares curiosos con regalos y juicios.
“Qué tal la entrevista?” “Si te dan el trabajo os vendréis, no?” “Oye, tú no conocías a alguien en Intracom, Andrea? A ver si podemos hacer algo”.

SOCORRO.

20.30
Me despido de los 15 que ya están en la casa y me voy al aeropuerto.
“Mucha suerte”.
Sí, ya os contaremos”.

Hoy me dan el Oscar a la hipocresía.

21.30
Puerta de embarque. El chico guapo de la oficina me manda un sms
“are you out in the city tonight? fancy meeting for a drink?”
I'm actually abroad
“cool, senorita, next time”.

23.50
Aterrizo en Londres. El móvil ha estado encendido todo el vuelo y no nos hemos matado.

segundo sms del chico guapo y otro de Nikos.
Abro el primero con la sensación de que algo se me ha ido de las manos.
“your smile's been missed today in the office. ever told you you have an amazing one?”
Sí, se me ha ido de las manos. Latigazo de culpa.

Abro el de nikos “i've missed you, waiting at the gate”. Tazón de chocolate caliente antes de dormir.

03.20

Nikos y yo llevamos hablando 3 horas en el sofá. Me adormezco agotada con la decepción en sus pupilas.


¿Por qué la línea que separa caminos opuestos es tan insoportablemente, tan jodidamente delgada?

¿Cómo es posible discernir dónde empieza el egoísmo y dónde acaba el derecho a pensar en uno mismo?

¿Cómo se sabe cuándo un sacrificio se convertirá en una bola peluda de fuego en un futuro lleno de pesar?

¿Cómo sale una indemne de las difíciles, dificilísimas, decisiones que cambian vidas?



3.30

Sssshhhhhh....kalunixta